sábado, 8 de septiembre de 2018

Un nuevo libro, el mismo libro


Dedicado como he estado últimamente al articulismo y a las correcciones de textos institucionales, la aparición de un nuevo libro de mi autoría que no tuviera nada que ver con aquellas disciplinas parecía un imposible. No obstante, gracias a la gentileza y la confianza de Ediciones Camelot América, Elucubraciones de un «flâneur» ya está publicado y próximo a presentarse en la Argentina.

Es este un libro de prosas poéticas, de estampas o aguafuertes, de breves reflexiones acerca de lo que significa vivir en una ciudad tan injustamente variopinta como lo es el Buenos Aires de hoy en día, aunque, claro, con los consabidos contagios genéricos que suele tener la literatura que abjura de etiquetas. Pues hay también elementos de ficción (como esa niña que se cuela en una parte y que no es otra que la Laura de mi anterior libro de poemas, convertida esta vez en personaje de una historia imaginaria), ecos del jazz que escucho con frecuencia, literatura de la literatura a la que vuelvo siempre que necesito algún consuelo, crítica literaria mal disfrazada de poesía. Hay de todo, como «en la viña del Señor» o, mejor, como en la ciudad que describía Baudelaire en su ya clásico Spleen de París, obra que de alguna manera sirvió de modelo para mi propio spleen porteño.

Sin embargo, siento que este nuevo libro es el mismo libro que decidí escribir (y que sigo escribiendo todavía) cuando entendí que mi camino era la prosa. Elucubraciones de un «flâneur», por lo tanto, empezó a fraguarse en La ciudad con Laura (Sediento Editores, México, 2012), donde intercalaba poemas en verso y prosas poéticas; continuó con mi efímera participación en el libro de fotos Ventanas de Gualeguay, de Fabricio Castañeda, y seguirá en las páginas de una novela que espero poder terminar antes de que este año termine definitivamente con nosotros.

Manuel Pérez-Petit, coordinador de Ediciones Camelot América, y exdirector de Sediento, viene siguiendo de cerca la evolución de esta constante estilística en mi escritura. Y si bien (que yo sepa) aún no llegó a ninguna conclusión, creo que bien podría estar diciendo, como buen andaluz, «No le toques ya más que así es la prosa», que, por cierto, es el título de un artículo en el que intento justificar teóricamente lo que, en la práctica, sin mayores miramientos, hace años vengo perpetrando. 
     



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