miércoles, 15 de marzo de 2017

Usos incorrectos de la coma


La coma se emplea básicamente para separar o aislar elementos dentro de un enunciado, para acotar incisos y para distinguir entre sentidos posibles de una misma secuencia de palabras. Sin embargo, hay ciertos usos que son considerados incorrectos. A continuación, indicaremos los 6 que más se repiten en la Web:

 

1.     Es incorrecto escribir coma entre el sujeto y el verbo de una oración, incluso cuando el sujeto está compuesto de varios elementos separados por comas. Ejemplo:
 

*Mis padres, mis tíos y mis abuelos, me felicitaron ayer por mis exámenes.

 

Cuando lo correcto sería:

 

 Mis padres, mis tíos y mis abuelos me felicitaron ayer por mis exámenes.

 

La excepción se da cuando el sujeto es una enumeración que se cierra con etcétera (o su abreviatura) o cuando inmediatamente después del sujeto aparece un inciso aclaratorio. Ejemplos:

 

Mis padres, mis tíos,  mis abuelos, mis primos, etc., me felicitaron ayer por mis exámenes.

El hombre de a lado, compañero de trabajo de mi padre, se ofreció para llevarme al colegio.

 

2.     No debe escribirse coma delante de la conjunción que cuando ésta tiene sentido consecutivo o va precedida de tan (to) o tal. Ejemplo:
 

*La situación había llegado a tal punto, que ya no era posible sostenerla.

 

Cuando lo correcto sería:

 

  La situación había llegado a tal punto que ya no era posible sostenerla.

 

3.     No se escribe coma detrás de pero cuando precede a una oración interrogativa o exclamativa. Ejemplo:

 

*Pero, ¿qué te has creído?

 

Cuando lo correcto sería:

 

  Pero ¿qué te has creído?

 

 

4.     El uso de la coma tras las fórmulas de saludo en cartas y documentos es un anglicismo ortográfico que debe evitarse. Ejemplo:
 

*Querido amigo,

 

  Te escribo esta carta para comunicarte...

 

Cuando lo correcto sería:

 

 Querido amigo:

 

 Te escribo esta carta para comunicarte...

 

5.     Cuando en la oración se juntan dos incisos cortos, debe evitarse la coma antes del primero. Ejemplo:

 

*Dijo, finalmente, además, que todas sus dudas convergían en una sola.

 

Cuando lo correcto sería:

 

  Dijo finalmente, además, que todas sus dudas convergían en una sola.

 

6.      Antes de abrir paréntesis o raya. Ejemplo:
 

*Desde muy joven, (y el muchacho no había conseguido liberarse después de esa obsesión) a Bioy lo espantaba la idea de que el mundo podía desaparecer en la oscuridad.

 

Cuando lo correcto sería:

 

Desde muy joven (y el muchacho no había conseguido liberarse después de esa obsesión), a Bioy lo espantaba la idea de que el mundo podía desaparecer en la oscuridad.

 


martes, 14 de febrero de 2017

Nuevos consejos de redacción. Entre lo «posible» y lo correcto

¿A qué viene este título tan inusualmente rimbombante? Se los diré. En los medios de comunicación, es común encontrarse con frases como «Enviaremos informes lo más completos posibles», «Pedimos que sean lo más concisos posibles», «Su tarea es que los fondos queden lo menos afectados posibles» o «Las medidas que adoptaremos serán lo menos perjudiciales posibles».
Pues bien, la normativa explica que, cuando expresiones de este tipo comienzan por el artículo neutro lo, la palabra posible deberá permanecer invariable (es decir, en singular). Por ejemplo: «Hicieron casas lo más baratas posible».
Consecuentemente, en las oraciones que enumeramos en el primer párrafo, lo adecuado hubiera sido escribir «Enviaremos informes lo más completos posible», «Pedimos que sean lo más concisos posible», «Su tarea es que los fondos queden lo menos afectados posible» o «Las medidas que adoptaremos serán lo menos perjudiciales posible». Como ven, en todos los casos, la palabra posible está en singular.
Si respetamos esta pequeña regla, lograremos que nuestra escritura sea «lo más correcta posible». Y creo que, al menos, vale la pena intentarlo.

 

 

miércoles, 1 de febrero de 2017

El arcaísmo y sus arrugas


¿Cuándo es pertinente decir que una palabra ha pasado a formar parte de la larga nómina de arcaísmos? Este interrogante está planteado desde hace mucho tiempo y no encuentra todavía una respuesta convincente. Si aceptamos que el idioma se fijó en el siglo XVI, deberíamos dar entonces por desterradas las palabras anteriores. No obstante, aún hoy empleamos muchas voces que ya Juan de Valdés, en su Diálogo de la lengua (1535), daba por caídas en desuso, y hasta se asegura que en los diccionarios figuran con el mote de anticuadas miles de palabras vivas y en uso. Quizá la falta de circulación de muchas palabras no se deba más que al desconocimiento que los usuarios de la lengua tienen de ellas. Ciertamente, en una sociedad cuyos miembros se expresan corrientemente con apenas algunos centenares de vocablos, nada tiene de extraño que a los restantes se los considere arcaísmos.
Según las distintas capas de la población, los términos y las expresiones pueden tener una duración diferente en el habla viva. En ciertas zonas, por ejemplo, el arcaísmo no es un hecho aislado, sino un conjunto de rasgos que pueden ser fonéticos, morfológicos, sintácticos o léxicos, lo que confiere un carácter arcaizante a su habla. Es frecuente que en ciertos pueblos o regiones se mantengan vivas algunas formas lingüísticas que en otros lugares ya han desaparecido, aunque en los diccionarios se recojan todavía como expresiones vitales. Asimismo, las formas arcaicas que se conservaban aún no hace muchos años en algunos pueblos pequeños de España, Colombia, México o Argentina, y que tal vez la influencia de la televisión, la radio y el cine haya borrado a estas alturas, podían dejarlo a uno boquiabierto. Dicho de otro modo, la utilización de arcaísmos constituye una de las formas no sólo de conservación local del idioma, sino también una de las formas de alejamiento de los usos normativos de la lengua estándar.
Ahora bien, sabemos que las lenguas evolucionan y, en esa evolución, raramente recuperan materiales que han dejado atrás como «desecho». Sin embargo, se dan casos atípicos de recuperación. En ese sentido, es conocido el fenómeno según el cual algunos pueblos de América le «devuelven» a España ciertas voces que ésta llevó allí hace siglos; por ejemplo, la voz occiso (‘muerto violentamente’), vieja palabra castellana que regresó a la península ibérica a través del doblaje en español neutro que se hace en Latinoamérica; o aquella palabra proveniente del campo del atletismo, como lo es garrocha (la de «salto con garrocha»), para designar lo que los españoles conocen como pértiga. Incluso a veces se resucitan ciertos arcaísmos por razones estilísticas, como es el caso de asaz por muy, aunque resultaría de muy mal gusto que por ese mismo motivo se vuelva a imponer un arcaísmo como farina por harina.
 

martes, 31 de enero de 2017

Algunos consejos para lograr una buena redacción

La redacción de un texto, al igual que cualquier otro tipo de tarea compleja, requiere de un plan, es decir, de una hipótesis sobre la cantidad total de tiempo que se necesitará para llevarla a cabo a un ritmo de trabajo razonable.
 
Es probable que el ritmo de trabajo nos venga impuesto por el contexto (por ejemplo, en el caso de la redacción de un tema en clase); otras veces, no obstante, podremos adaptarlo con arreglo a nuestras conveniencias. Puede surgir la pregunta de si es mejor escribir de forma continuada o si resulta preferible distribuir el trabajo en un período de tiempo más largo, es decir, con interrupciones.
 
Pues bien, sobre todo al principio, cuando la falta de experiencia nos lleva a minimizar el esfuerzo requerido, la distribución del trabajo en tiempos más prolongados puede ser de utilidad para detectar y corregir errores importantes. Además, lo escrito puede ser mejorado con la documentación recogida durante el propio trabajo de redacción, o por medio de revisiones sucesivas, incluso aprovechando para ello la opinión de otras personas.
 
También es importante tener una idea de las distintas fases de la escritura y planificar su desarrollo de manera precisa. Las fases son las siguientes: 1) acopio, análisis y organización de las informaciones y de las ideas propias; 2) redacción; 3) revisión. Es común pensar que la fase de redacción es la que más tiempo demanda, pero las actividades previas y posteriores a ésta exigen un tiempo y una atención similares o, incluso, mayores.
 
 

lunes, 30 de enero de 2017

La dualidad de la naturaleza humana. Una lectura de «El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde»

 
Je est un autre

Arthur Rimbaud

 

1 - La obra

La época victoriana, al parecer, estuvo signada por la duplicidad. Así, en el plano urbanístico podemos observar, por un lado, la metrópoli, con su multitud anónima, sus carruajes, comercios y cafés, y por el otro, la ciudad vacía, apenas iluminada por la luz de gas, tenue luz que ocultaba lo que realmente ocurría en los oscuros callejones. De la misma forma, en el plano humano podemos observar, por un lado, al ciudadano de traje y levita, defensor de la moral y las buenas costumbres, y por el otro, al mismo individuo, como un asiduo visitante del submundo prostibulario.

En El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886), Robert Louis Stevenson nos muestra con claridad la existencia de estos dos universos paralelos, y a la vez nos invita a reflexionar acerca de esa otra dualidad que reside en lo profundo del ser humano: el conflicto entre el Bien y el Mal. Si bien la ficción gótica había explorado la imagen del álter ego siniestro o doppelgänger[1]en muchas ocasiones, Stevenson logra mostrar en esta obra la naturaleza dual no sólo de un hombre en particular, sino también de toda una sociedad.

Esta novela o nouvelle puede dividirse en dos partes bien diferenciadas. En la primera, el relato tiene como protagonista a Utterson, un prestigioso abogado londinense que lleva a cabo la investigación sobre el misterio que une a los dos personajes que dan título al libro. En la segunda, los dos últimos capítulos —el relato del Dr. Lanyon y la confesión de Henry Jekyll— se ocupan de atar todos los cabos sueltos que pudieron haber persistido a lo largo de la obra.

Es fácil advertir entonces el empleo de dos puntos de vista diferentes. En principio, tenemos a un narrador externo a la trama que regula la información y nos cuenta los hechos, empezando por los primeros encuentros de Utterson con el Sr. Hyde. La narración está realizada en tercera persona, y el narrador es omnisciente. En los dos últimos capítulos, por el contrario, el autor-narrador «delega» su función, y toman la voz sus respectivos protagonistas.

Según cuenta Lloyd Osbourne, hijastro de Stevenson, el tema de esta novela surgió de una pesadilla. Desde 1884, Stevenson estaba instalado en la casa Bournemouth, regalo de bodas de su padre. Una noche, en uno de esos períodos en los que su precaria salud lo obligaba a guardar reposo, tuvo un sueño. Al despertar, ya tenía la idea de dos o tres escenas de las que aparecerían en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En tres días estuvo lista la primera versión, pero como no fue del agrado de su esposa, el escritor arrojó al fuego el manuscrito y emprendió la reescritura. La segunda versión terminó por ser la definitiva.

Una muy favorable crítica en The Times del 25 de enero de 1886 impulsó la venta del libro. Dentro de los siguientes seis meses fueron vendidos cerca de cuarenta mil ejemplares. Hacia 1901 ya se habían vendido más de 250.000.


2 - Las teorías darwinianas

Desde un punto de vista estricto, el Dr. Jekyll es un buen hombre y, tal como destacamos más arriba, un profesional respetado. El Sr. Hyde, por su parte, es el mal personificado, un asesino, un ser capaz de pisotear a una niña pequeña simplemente porque ella se interpone en su camino. Sin embargo, desde una perspectiva más amplia, el conflicto no es sólo entre el bien y el mal, sino entre la evolución y la degeneración.

En muchas segmentos del relato se indica que la apariencia física del Sr. Hyde provoca desagrado; se lo describe como un ser de «aspecto simiesco», un «troglodita», un ser «apenas humano». Recordemos que Charles Darwin publica El origen del hombre en 1871 —quince años antes de la aparición de Jekyll y Hyde—, libro en el que llega a la conclusión de que la humanidad desciende de un cuadrúpedo peludo con cola, y que éste, probablemente, de un antiguo marsupial. Las hipótesis de Darwin van incluso más lejos y alegan que estas etapas de la evolución fueron precedidas en línea directa por una criatura anfibia, y ésta, por algún tipo de pez. Este linaje biológico de pesadilla, que negaba el carácter especial de los seres humanos, nutrió muchas de las novelas góticas de finales de la época victoriana. La capacidad de Drácula para transformarse en lobo o en murciélago sería un claro ejemplo de esto; los experimentos del Dr. Moreau sobre los animales desafortunados de su isla, otro. El retrato que Stevenson hace del Sr. Hyde, pues, funciona de manera parecida.
 
Un dato interesante es que en la novela nunca llega a explicarse cuáles son exactamente los placeres que Hyde obtiene durante sus incursiones nocturnas; tan sólo se dice que se trata de algo de naturaleza lujuriosa y aborrecible para la moral que reinaba en aquel tiempo. En relación con esto, vale la pena recalcar que varios científicos de finales del siglo XIX, basándose en cierto darwinismo social, comenzaron a estudiar otras «influencias perniciosas» para la moral humana, tales como el alcoholismo, la drogadicción y los desórdenes de personalidad múltiple.


3 - Vidas dobles, apariencias engañosas

Así como las diferencias físicas entre el Dr. Jekyll y el Sr. Hyde pueden explicarse a través de las teorías darwinianas, sus diferentes personalidades pueden hallar sustento en los numerosos debates de fin de siglo acerca del comportamiento moral y la posible pluralidad de la conciencia. Al escindir la personalidad de su protagonista, Stevenson exhibe de una manera hasta el momento inédita la batalla que se libra en el interior de cada uno de nosotros. A través de Hyde, el respetable Dr. Jekyll puede liberarse de las restricciones impuestas por una sociedad asfixiante, pero sabiendo muy bien que, en última instancia, tendrá que elegir entre seguir siendo quien es y pasar a ser de manera definitiva el otro, el diferente. Como es de imaginar, optar por esto último, significaría el rechazo de todos aquellos que confían en los valores del mundo civilizado. El dilema aquí planteado es ancestral y, por lo tanto, efectivo.

Asimismo, podemos apreciar cómo el frente de la residencia del Dr. Jekyll presenta un aspecto respetable y distinguido, mientras que la parte trasera, por donde el Sr. Hyde hace sus entradas y salidas, muestra un aire sórdido y negligente: dos caras de la misma propiedad que están en sintonía con las dos personalidades de los protagonistas y, al mismo tiempo, una metáfora de la malevolencia que puede haber detrás de una fachada de perfección y refinamiento.

Probablemente, la residencia del Dr. Jekyll esté basada en la del famoso cirujano John Hunter[2], cuya respetable y reconocida mansión en Leicester Square, en el siglo XVIII, también tenía un secreto. Con el fin de enseñar y de adquirir conocimientos sobre anatomía humana, Hunter solicitaba cadáveres humanos, muchos de ellos suministrados por sepultureros que robaban tumbas frescas al anochecer. Los cuerpos eran llevados a la puerta trasera de la casa, cuyo puente levadizo conducía a la sala de preparación y al anfiteatro.

 
4 - Los crímenes ficticios, los crímenes reales

Los fascinantes casos de duplicación descritos en la novela de Stevenson pronto superaron los límites de la ficción. En un giro macabro, acontecimientos de la vida real empezaron a intercalarse con los de la narración. Los crímenes de Whitechapel se produjeron en el otoño de 1888, dos años después de la publicación de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, y el verdadero asesino y el ficticio Sr. Hyde fueron relacionados rápidamente por el imaginario colectivo. De hecho, los asesinatos reales terminaron enredándose con la historia. Richard Mansfield, famoso por haber interpretado el papel del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde en una adaptación teatral realizada un año después de la publicación de la novela, fue acusado por un miembro del público de ser Jack el Destripador.

Sucede que cuando Hyde ataca a sir Danvers Carew, golpeándolo hasta la muerte con su bastón, de algún modo evidencia la misma ferocidad, la misma intensidad, el mismo modus operandi que el célebre destripador. A esto hay que sumarle el hecho de que el Sr. Hyde, con su «aspecto simiesco», se ajustaba perfectamente a la teoría lombrosiana, que sostenía que los criminales muestran de por sí rasgos visibles que corresponden con su naturaleza delictiva. El Dr. Jekyll, por el contrario, no se ajusta a esta teoría, pero, como sabemos, Jekyll y Hyde son la misma persona. Siguiendo esta razonamiento, el público llegó a sospechar que un monstruo como Jack el Destripador podría ser al mismo tiempo un respetable y civilizado caballero, tal como lo era Mansfield.

 
5 - Conclusión

En El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde nos enfrentamos a la teoría de la doble naturaleza humana, teoría que se manifiesta abiertamente sólo después de ocurridos todos los acontecimientos de la novela, incluidos los crímenes del Sr. Hyde y el último eclipse del Dr. Jekyll. El texto plantea entonces que el hombre es mitad ángel y mitad demonio, aunque nos decepcione ver qué es lo que sucede con el «ángel» al final del relato.

Acaso Jekyll sea el que está fuera de lugar, y el hombre no sea verdaderamente dos, sino, ante todo, una única criatura salvaje puesta bajo el control provisional de la civilización, la ley y la conciencia. Si adscribimos a esta hipótesis, el extraño brebaje del Dr. Jekyll sólo lo despojaría de las cadenas impuestas por la sociedad civilizada, dejándolo a merced de su verdadera naturaleza, es decir, convirtiéndolo en un ser más movido por el instinto que por la razón.
 
Ahora bien, si Hyde era tan sólo un animal, sorprende que se deleitara tanto con el crimen. De hecho, parece cometer actos violentos contra inocentes sin ninguna razón aparente, excepto la satisfacción que obtiene al cometerlos, algo que ningún animal haría.

Todas estas observaciones nos llevan a pensar que, quizá, la civilización también tiene un lado oscuro. En suma, así como Stevenson afirma en este libro que la naturaleza humana es poseedora de dos caras, el lector, por su parte, tendrá que averiguar lo que éstas significan.

 

[1] Doppelgänger es el vocablo alemán que define al doble fantasmagórico de una persona viva. El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, en referencia al «gemelo malvado» o al fenómeno de la bilocación
[2] John Hunter (1728-1793), cirujano y anatomista escocés, considerado padre de la medicina experimental.
 

lunes, 23 de enero de 2017

El relativismo lingüístico en clave extraterrestre

No es común que un blog dedicado a literatura, gramática y ortografía quiera ocuparse de una película. Si esto ocurre, es porque la película en cuestión presenta un interés especial para alguna de las áreas mencionadas. Tal es el caso de La llegada, una cinta de ciencia ficción dirigida por Denis Villeneuve y protagonizada por Amy Adams, Jeremy Renner y Forest Whitaker que se estrenó a fines de 2016 en la Argentina.

En principio, podríamos decir que no se trata de una simple película de extraterrestres, pues el guión (adaptación de Eric Heisserer del relato corto de Ted Chiang «La historia de tu vida») está centrado en otra cosa. El argumento, a grandes rasgos, es el siguiente: tras el arribo de 12 naves extraterrestres a la Tierra, los altos mandos militares de EE. UU. —uno de los puntos de aterrizaje elegidos por los alienígenas— le piden a una calificada lingüista (Amy Adams) que intente descifrar la lengua de estos misteriosos recién llegados para poder así averiguar el propósito de su visita.

Si bien el papel de Adams es importantísimo, me atrevería a decir que la gran protagonista de esta película es la lingüística, en especial, los estudios de Edward Sapir (1884-1939) y su discípulo Benjamin Lee Whorf (1897-1941), que luego retomarán las corrientes relacionadas con el relativismo lingüístico de las décadas del 60 y 80 del pasado siglo. Recordemos que, para estos autores, nuestro pensamiento está condicionado por las categorías que nos suministra la lengua que utilizamos; hecho que, sin duda, restringe nuestra organización imaginaria de lo real.[1] De acuerdo con esto, tanto la actividad mental de los hablantes como su particular visión de mundo serían el resultado directo de una determinada estructura idiomática, cuyos elementos, desafortunadamente, no siempre pueden traducirse.[2] Ahora bien, detrás de estas hipótesis hay un interesante punto de vista del que sin duda se vale la película: la supuesta correspondencia entre el concepto de linealidad lingüística y el concepto de linealidad espacio-temporal.

Gracias a los inestimables aportes de Ferdinand de Saussure, sabemos que los signos lingüísticos responden al principio de linealidad, es decir, que se ordenan en secuencias temporales, ya que es fisiológicamente imposible para el aparato fonador humano producir más de un sonido a la vez.[3] Para que este carácter lineal se conserve en la escritura, el tiempo es sustituido por el espacio; así es como respetamos un orden sintagmático, un orden oracional y un orden textual, con sus respectivas reglas morfosintácticas, de coherencia y de cohesión. Huelga decir que pensamos el mundo con arreglo a esta estructura (al menos, los que hablamos lenguas derivadas del tronco indoeuropeo). Pero ¿qué pasaría si nuestros signos lingüísticos se expresaran, por ejemplo, de manera circular? Si aceptamos las teorías de Sapir y Whorf, en un caso como el que plateamos, acabaríamos por concebir también el tiempo de manera circular. Pues bien, La llegada le hace esta misma pregunta al espectador, aunque la respuesta que le ofrece termina por apoyarse más en la fantasía que en el rigor científico.

Con todo, les recomiendo esta película. Ya que, como dije anteriormente, no es común que la lingüística (o el relativismo lingüístico, para ser más precisos) tenga tanto protagonismo en una cinta de estas características.



[1] Véase Sapir, E. El lenguaje: introducción al estudio del habla. México, FCE, 1991.
[2] Véase Whorf, B. L. Lenguaje, pensamiento y realidad. Barcelona, Seix Barral, 1971.
[3] Véase Ferdinand de Saussure. Curso de lingüística general, Buenos Aires, Losada, 1990.
 
 
 

martes, 10 de enero de 2017

Cuatro párrafos acerca de la Gramática

Todo usuario de la lengua posee un conocimiento gramatical implícito, lo que equivale a decir que domina involuntariamente una serie de reglas que rigen su forma de hablar. Este conocimiento implícito puede explicitarse mediante la introspección y la observación. Es aquí cuando entramos en el terreno de la gramática descriptiva.
 
La gramática descriptiva se limita a dar cuenta de la lengua tal como la usan los hablantes, sin incurrir en consideraciones acerca de su eventual corrección o incorrección. Ahora bien, si analizamos cabalmente una lengua, advertiremos que existe una serie de regularidades que pueden enunciarse como normas. Esto último pertenece ya al terreno de la gramática normativa.
 
Algunos hablantes dicen, por ejemplo:  «Se me ha caído el vaso», y otros: «Me se ha caído el vaso». Una gramática descriptiva se limitará a tomar nota de las dos variantes. Una gramática normativa, en cambio, dictará reglas prescriptivas, es decir, declarará: «La primera forma es correcta; la segunda no lo es».
 
La gramática normativa es por definición arbitraria, pero eso no implica que podamos obviar las reglas establecidas. De hecho, aunque suene paradójico, podemos admitir que sólo el conocimiento de la norma garantiza la plena libertad expresiva de los usuarios de la lengua.