Bate en medio de la negrura tus alas
consteladas de lágrimas.
He ahí el infierno de la belleza.
Enrique Molina
I
bajo estas alas de murciélago
un cuerpo insiste en perpetuarse
en transformar sus arrumacos en sentencias
en hacer de cada goce un latido de tigres acentuado
cuello que contiene mi alimento y que respeto
como si fuera un mar de lunas ensanchándose
como si sutilísimas estrellas demostraran
la circularidad del falo anteponiéndose
al sudor al labio a la neblina
hasta quedar famélico y amante
II
pintada de niña o cómplice del cráneo
de un cráneo azul que aún hoy conservo
bailás la danza de la muerte desarmándola
amparada en unos guantes de rubor que son ya pájaros
y que crepitan con confianza nocturnal de siete encajes
porque siete es el nombre de tus besos también cuando te pienso
III
ahora inhalo altillos de algodón y de muñecas
ahora solo recito zafarranchos
para sentir de nuevo lo corpóreo
lo que a un noble paladar ya no involucre
ah mis catedrales mi palidez mi duermevela
gótico como la esperanza es este limbo
sufrirá la noche calumniada si no canto
IV
la nieve de tu cuello se evapora
es una selva antigua de leche y de luceros
beberte o no para morir sediento
dos gorriones se instalan en tu pecho de tules vulnerado
y es un hielo derritiéndose el corazón que me extirpaste

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