lunes, 17 de agosto de 2026

Recapitulaciones*



Y después del impacto,

después de glorias y de asombros,

después de escupirle la absurda enagua a la luna dominguera,

¿callar, acaso?,

¿huir, sentir gangrena en las pasiones?

Ya se produjeron las más sangrientas hecatombes,

y cuando abro las canillas de la historia

inundo de mártires estos lúbricos pasillos,

empiezo a ver el desfile de héroes que me aborda.

Ya Vallejo se clavó un filoso Trilce en medio de su vientre;

ya Huidobro se estrelló por todos los mortales voladores

en el inmundo suelo del lenguaje,

alto como un azor en eterna intransigencia;

ya Breton fiscalizó nuestras pesadillas más profundas

prohibiéndolas después como en ensueños,

como encubriendo un crimen indecible

que aun así cometeré.

¿Qué hacer entonces después del redoble tambores,

después del estrepitoso fin del trapecista?

Enormes fauces devoran espuma y aire en el poniente,

insisten en destruir los escombros destruidos,

naufragar en los naufragios del naufragio,

remoler siempre los mismos remolinos.

Son brujas de toda noche, enloquecidas,

que no recuerdan la primigenia misión encomendada.

Yo camino entre el caos,

entre la árida tierra de ruedas giratorias;

tengo un pedazo de madera

astillada en mi pájara mano domadora,

voy a construir una cabaña.

 



*Texto perteneciente a La gratuidad de la amenaza (Ediciones El Tranvía, 2001).

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario