lunes, 17 de agosto de 2026

Debajo de las ramas de un olivo



Qué haremos cuando todo arda, cuando el infierno burocrático de un país al rojo vivo nos alcance con su sangre, obligándonos a escondernos bajo el agua de un pantano, agua estancada hace centurias, solo para evitar que nos queme lo que finalmente nos llenará de llagas la piel húmeda, curtida por el moho, oculta en un pozo de gotas purulentas.

Si me lo preguntan, no sabría qué responder. Solo sé que allá, a la distancia, veo un olivo, en cuyas ramas un pájaro insólito se posa, a veces en una, a veces en otra; no hace ruido, únicamente observa, con pompa de general o gerifalte, cómo me acerco a sus dominios.

Debajo de las ramas de un olivo, debajo de las ramas de este olivo, puedo abstraerme unos segundos del infierno circundante. Una calma bíblica me inunda al tomar conciencia de dónde estoy parado. Sin embargo, la ciudad me llama, y no puedo hacer nada para evitar que su solicitud, como una flama o una hostia consagrada, se convierta en aurora una vez que retome mis pasos peregrinos.

Debajo de las ramas de un olivo, una fugaz revelación se ha vuelto pájaro.




 

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