viernes, 23 de octubre de 2026

Caniches y jirafas: fantasía surrealista

 

Fantasía onírica con jirafa y caniches, por Veronique


Las señoras respetables de Belgrano, esas que salen por las tardes —absurdas, displicentes— a pasear sus caniches y prejuicios, como si fueran las pastoras de un rebaño incoherente que nunca pasa de dos o tres ovejas, se lanzan a las calles para colar el cielo por sus hombros, hombros que casi siempre están a la intemperie, como esas otras mujeres, acaso menos respetables según un criterio extendidísimo, esas que yacen en el suelo —mustias,  olvidadas—, exponiendo sus miserias, que es la miseria de todos los que no nos cruzamos de vereda cuando la tarde (una de ellas, una de tantas) se agrieta o se desgaja en los ataviados confines de la noche.

«¿Y qué?», me preguntará usted, joven lector de iPod en la mano, joven purísimo, con esa mirada nacarada y ese gesto esculpido a fuerza de veintiún siglos de estulticia.

¿Y qué? Pues nada, solo decía. Y, ya que estoy, agrego: las jirafas no existen; son solo ciervos que Modigliani imaginó en una piyamada, aunque no se sabe a ciencia cierta de quién era el piyama; la mayoría cree que era del pintor; yo sospecho que era de alguno de los ciervos. Pero, claro, usted era muy chico cuando sucedió esto que le cuento, así que excuse, tengo que alcanzar a esas señoras: una de ellas dejó caer un hueso de jirafa de su bolso.



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